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Madferia: Excalibur y otras historias de animales muertos

Durante la XVI Feria de Artes Escénicas de Madrid, Madferia, que tuvo lugar en Las Naves del antiguo Matadero de Madrid, se dieron cita compañías y programadores que resaltaron la denuncia feminista, animales sacrificados, y otros dilemas políticos y sociales sobre la sociedad actual. A continuación la segunda parte de las impresiones de dos de las piezas más importantes, que recojo en el marco de este evento.



Excalibur y otras historias de animales muertos


La compañía teatral Hermanas Picohueso hacen un increíble trabajo creativo. En Excalibur y otras historias de animales muertos, recrean el ambiente de un set de televisión en vivo, con su correspondiente jaleo. 


El trabajo de dirección artística de Diego Ingold y Lluki Portas es bueno, porque no se nota. Como quien realmente asiste a un disparatado set de televisión, la pieza es divertida al punto de robarte alguna carcajada. 


Esta compañía catalana apuesta por lo disonante – sirva el término para hacer mención de honor a las voces en off de los actores-. Se trata de provocar echando mano de lo feo para denunciar estructuras de poder. Una forma de rebeldía muy frecuentada -casi abusada- pero legítima y que en el caso de esta obra da gusto ver,  porque está muy bien lograda. 


Quienes participan en este programa de entrevistas, el “Ornitorrincón”, son víctimas animales, sacrificadas en nombre de cuestionables objetivos humanos:  avances tecnológicos, protección, frivolidades e inconsistencias varias.




Actitudes humanas que pervierten al animal

La oveja Dolly, dueña y presentadora del programa, junto a su principal colaboradora, la perra Laika, conducen los reportajes de la edición entre riñas, competitividad dañina, risas, abusos y malos tratos. Al concluir el programa, se publicita un juego que implica el enriquecimiento de algunos pocos gracias a crisis y tragedias. 


Problemas de los que se habla mucho últimamente, una manera lúdica e interesante de hacer crítica y abordar intereses de la opinión pública.


Lo diferente capta tu atención, aunque la rebeldía y las ganas de hacer crítica con risas e ironías podrían ir aún más lejos. Pienso, por ejemplo, en preguntas que quedan sin explorar… ¿podríamos hablar del maltrato animal previo al establecimiento de las estructuras de poder del mercado -muy cuestionables, por supuesto- a las que la pieza atribuye los maltratos?


Y si las estructuras de poder son el problema, ¿no se tornarán todas nuestras iniciativas en estructuras de poder que incurrirán en desmanes parecidos? ¿qué nos hace pensar lo contrario? ¿hay posibilidad de un giro orwelliano detrás de una obra como esta?  


A pesar de todo esto, la pieza moviliza al tiempo que divierte y genera inquietudes. Una buena señal.  




Si algo caracteriza al teatro más seductor, es que a veces incómoda


Eventos como el Madferia son fundamentales para el sector, sobretodo si tenemos en cuenta la situación económica que atraviesa.  Desde El Teatro apoyamos y celebramos la promoción del gremio en este tipo de eventos públicos. Por otra parte, entusiasma que los creadores en España tengan la libertad de trabajar sobre asuntos de interés general, una libertad que debe conservarse y mantenerse. 

  

Preocupa, sin embargo, que al abordaje de estos temas resulte tan conveniente para parcialidades y discursos oficiales en concreto. Las instituciones públicas – me refiero a la Asociación de Empresas Productoras de Artes Escénicas de Madrid y a la  COFAE (Coordinadora de Ferias y Artes Escénicas del Estado español) – promueve con autenticidad el libre intercambio de ideas en el marco de iniciativas como la Madferia. 

 

Lo conveniente sería que el abordaje teatral suba el nivel de la discusión pública, empobrecida por los eslóganes, los lugares comunes y la corrección política. De lo contrario, se corre el riesgo de convertir el teatro en otro espacio  al que se acude a reafirmar prejuicios.



Fotografías Jordi Buxó


Nota: El Teatro

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© 2020 Stephanie Bor